El pasado 21 de octubre fuimos a comer al restaurante Arzak de Donostia. La ocasión vino dada por el premio que recibimos en la comida del Capítulo de la Cofradía del Queso Idiazabal de Ordizia de este año. Íbamos a disfrutar de un menú degustación Begoña y yo. Estábamos en la antesala de nuestro esperado viaje a Cali, Colombia y encontramos un hueco, como merecía la ocasión, sería un hito en nuestras andanzas otoñales estupendas.

 

Cogimos el coche, presumíamos de automático, y nos dirigimos a Donostia, al Alto de Miracruz, nos sorprendimos del tamaño del edificio y del aparcamiento, pero nos dijimos «la esencia en frasco pequeño», y entramos, nos pasaron a una salita de espera, pero rápidamente nos ofrecieron pasar al comedor y a nuestra mesa. Nos ofrecieron un cava Torrelló Arzak Brut Nature Gran Reserva (2019), yo disfruté de él casi toda la comida, excepto al final que tomé una copa de tinto Aster Finca el Otero (2018), Begoña prefirió un Albariño de Lagar de Cervera (2024). Panes, nuez de mantequilla especial y los aperitivos, sorbo de tomate, sopa de ajo frita, antxoa en equilibrio, cerdo ibérico con sus secretos y energético de gamba. Muy buen comienzo. Hubo algunas diferencias entre lo servido a Begoña y a mí, que señalo en esta crónica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mar. Pescado del día y dúo de Espelette (Txitxarro curado en sal de jamón y porrusalda con aceite y polvo de Espelette); para Begoña Estampa de kokotxas de merluza (Kokotxas asadas, kimchi, salsa verde y guindillas de Ibarra); Guirnalda de bogavante (Bogavante salteado, tomate semicurado y toque de eneldo); Huevo frito salino (Huevo escalfado y frito con base de quinoa y garum de antxoa, tira crujiente con sardina zaharra y alcaparras); Rape con mil hojas de coles (Lomo de rape acompañado de milhojas de coles con salsa de refrito y lascas de rape).

El cielo y la tierra. Pichón con longan y gel de cactus (Pichón asado con longan agrio y gel de higo tinto). Para Begoña Foie con brío y chocolate amargo (Foie a la plancha con salsa de pomelo, tableta de chocolate y picada de praliné de avellana y macedonia).

Momento ácido (Sorbete de lemon Grass con crema montada de limón, semillas garrapiñadas, yuzu crujiente y toque salado de cacahuete).

Postres. Para Begoña, Helado quemado (Helado quemado de leche de oveja y miel acompañado de dulce de leche de brioche, «buñueñitos» fritos y hojas secas de vegetales. Para mí, Manzana en floración con su sidra y azafrán (Manzana crujiente, puré de manzana caramelizada, sopa de sidra y azafrán. Entorno chocolate (cremoso de mango y chocolate dominicano, acompañado de toffe de café y haba tonka con texturas de plátano, mango enchilado y obleas ácidas. Y para Begoña, Chocolate y melaza de pan (Chocolate con chufa, picual y maracuyá acompañado de crujiente de melaza de pan de semillas de lino). Chocolates artesanos (Inspirado en la Nao San Juan, nuestras elaboraciones a base de cacao de diferentes procedencias con notas de sal de Añana, cítricos, brandy, coco y maracuyá.

Un final dulce, bebimos el vino Château Villefranche Sauternes (2022)

Tuvimos que tomar café y… respirar fuerte.

Bueno, bueno, bueno… y ¿qué decimos ahora?, los calificativos se esconden entre los pliegues de nuestra boca y nuestra lengua… y no se acaban. Es difícil expresar toda la satisfacción que tuvimos. Una experiencia inolvidable y duradera.

Elena Arzak vino a saludarnos y a despedirnos, una mujer que contagia simpatía y entusiasmo. Y todo el servicio, de diez. El sumiller, muy atento, enseguida nos ofreció los mejores vinos que combinaban con tan extraordinaria comida.